lunes, 14 de noviembre de 2011

R. 4. En mitad de la nada

Abrí los ojos al cabo de lo que a mi me parecieron unos segundos; pero, para mi desconcierto, no me encontraba en el bosque, sino acostada en una cama, junto a una estufa. Me sentía débil, agotada, pero conseguí incorporarme.
La habitación era pequeña, pero acogedora y calentita. No había nadie más. Me levanté, y noté que mi ropa ya estaba seca…De repente se abrió la puerta y apareció un hombre mayor, de pelo oscuro y ojos profundos. -Vaya, por fin te has despertado- dijo-mi hijo te encontró tumbada en el bosque, estabas congelada, inconsciente. No sabía que decir, ¿una persona a la que no había visto en mi vida me había recogido del bosque? No lo entendía...¿por qué? ¿estuve a punto de morir de frío hace un rato?...¿podía fiarme de ellos?
-No te preocupes, no te vamos a hacerte nada- dijo el hombre entre risas, era como si me hubiera leído el pensamiento.
-¿Ee..estamos en una ciudad? – murmuré.
-¿Ciudad? No, no…nosotros no vivimos en la ciudad, no nos gusta el ruido. Además mi mujer está enferma y la vida en el campo es mucho  más sana.
-¿Entonces estamos en mitad de la nada?
-Más o menos- dijo mientras salía por la puerta- ah, por cierto si te encuentras mejor baja, es navidad y eres nuestra invitada de honor.
Y se fue dejando ver su amplia sonrisa.

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