Justo después de que dijera aquello, miré hacia el lado y vi un cartel en el que ponía: North Town, 1200 habitantes. Todo el pueblo estaba nevado, y las calles estaban desérticas.
Aparcamos enfrente de una tienda de ultramarinos que había al final de la calle; bajé del coche y de repente el frío aire de invierno empezó a recorrerme el cuerpo…aquel frío me recordaba mucho a la noche que huí de mi casa…
-¿Vamos? – dijo Jeremy interrumpiendo mis pensamientos.
- Ehm...sí – farfullé.
Cruzamos y entramos en la tienda. Era bastante más grande de lo que parecía fuera, tenía 5 calles llenas de productos y, justo al lado de la entrada, un mostrador, con una anciana detrás de él. Era bajita, demacrada, descolorida, aun así, estaba sonriendo y se la veía muy amable.
Jeremy cogió un carro y me condujo a la primera calle de la tienda, sacó una lista y comenzó a coger las cosas de las estanterías.
Cuando salimos seguía haciendo mucho frío, cruzamos la calle y cuando estábamos guardando la compra, Jeremy propuso dar una vuelta.
Entramos por una de las bocacalles, la que parecía ser más ancha. La ciudad seguía desértica.
-¿Dónde están las personas?
-¿Qué?- dijo Jeremy mirándome extrañado.
-Las personas, la gente, no hay nadie.
-Ah…bueno en North Town por estas fechas no suele haber nadie, es una aldea muy pequeña, con muy pocos habitantes; y la mayoría van a las ciudades por navidad. Además, con este frío…¿a quién esperas ver?
-Tienes razón…oye ¿volvemos ya?
-¿Ya? ¿No te gusta mucho esta aldea no? Ahora vamos, primero quiero enseñarte algo – dijo mientras me cogía de la mano y me llevaba hacia un pequeño parque.
Estaba vacío, como el resto del pueblo y era pequeño, pero tenía cierto encanto. Estaba todo cubierto por un fino manto blanco, solo con mirarlo, me hizo olvidar por un momento todo lo que había dejado atrás…era precioso.
-¿Te gusta?
-Me encanta- dije asombrada mientras sonreía.